Galletas de matcha con chocolate blanco
Tiernas por dentro, con la superficie agrietada y trocitos de chocolate dulce.

Preparación
15 min
Cocción
12 min
Total
27 min
Raciones
18
Dificultad
Fácil
El chocolate blanco combina de maravilla con el matcha: su dulzor lácteo suaviza el amargor herbáceo, y el matcha contrarresta el empalago que a veces tiene el chocolate por sí solo. Para hornear, usa matcha culinario: el ceremonial sería un desperdicio, porque sus matices se perderían de todos modos entre la mantequilla y el azúcar.
El secreto de la superficie agrietada está en la masa fría y el horno bien precalentado. La masa recién sacada de la nevera se hornea más despacio, así que la parte de arriba cuaja antes que el centro y se agrieta.
Ingredientes
115 g mantequilla en pomada
100 g azúcar moreno
50 g azúcar blanco
1 grande huevo
1 cucharadita extracto de vainilla
190 g harina de trigo
8 g (2 cucharaditas) matcha culinario
1/2 cucharadita bicarbonato sódico
una pizca sal
120 g chocolate blanco picado
Preparación
1
Bate la mantequilla con los dos tipos de azúcar durante 2–3 minutos, hasta que la mezcla se aclare y quede ligera y esponjosa.
2
Añade el huevo y la vainilla y bate un poco más, hasta que todo se integre.
3
En otro bol, mezcla la harina, el matcha tamizado, el bicarbonato y la sal. No te saltes el tamizado del matcha: si no, quedarán grumos oscuros en la masa.
4
Incorpora los ingredientes secos a los húmedos y mezcla solo hasta que no se vea la harina. Cuanto más mezcles, más duras saldrán las galletas.
5
Añade el chocolate blanco, tapa el bol y mételo en la nevera al menos 30 minutos. Con la masa fría, las galletas salen más gruesas y con la superficie bien agrietada.
6
Precalienta el horno a 180 °C. Forma bolas del tamaño de una nuez y colócalas en la bandeja del horno separadas 5 cm, porque la masa se extiende bastante.
7
Hornea durante 11–13 minutos. La superficie debe quedar mate y el centro, todavía claramente blando: las galletas terminan de hacerse en la bandeja.
8
Déjalas 5 minutos en la bandeja y después pásalas a una rejilla. Recién salidas del horno son demasiado frágiles para moverlas.

